Mayo 28, 2018

Después de muchos años, la comunidad de Tekia tiene acceso al agua

Elena Aurora Palmar, sin duda es una mujer wayuu luchadora y trabajadora, digna representante de su etnia. Ella es la mayor de su familia y es la madre de Severiano Bonivento, autoridad tradicional de Tekia, una comunidad ubicada en el km. 30 de la Línea Férrea en el municipio Maicao, la cual manifiesta que su vida cambió en 2015 gracias a la llegada del agua a sus vidas.

Hace muchos años, la comunidad de Tekia, fue fundada por cuatro indígenas que llegaron al sitio, y poco a poco, fue siendo poblada por nuevas generaciones, quienes heredaron el legado de sus antepasados. Desde ese entonces, y debido a las dificultades para acceder al recurso hídrico en el Departamento, a los miembros de la comunidad les tocaba trasladarse durante más de 8 horas por un largo y soleado camino, hasta encontrar un jagüey o un molino donde pudieran obtener un poco de agua.

“Nuestro día a día giraba alrededor de la búsqueda del agua, nos tocaba caminar largar distancias para poder abastecernos y tener un poco del líquido, que nos permitiera subsistir, regar la yϋja, alimentar a nuestros animales y cocinar. Antes era muy difícil acceder al agua, sobre todo cuando no existía la carretera, y nos tocaba ir en burro, incluso hasta la Alta Guajira en un recorrido de nueve días, guiados por la luna para poder conseguirla”, manifiesta Elena con nostalgia.

Fue así, como con el paso de los años, la comunidad empoderada del mejoramiento de su calidad de vida, solicitó a Cerrejón y a su Fundación que contribuyeran con una solución que les permitiera abastecerse y acceder al recurso hídrico. Como respuesta a la solicitud de la comunidad, la Empresa, en 2015, instaló un sistema de bombeo solar con sus respectivos tanques de almacenamiento y abrevadero, gracias al cual, hoy en día más de 500 personas acceden de manera directa e indirecta al líquido.

“Desde que el agua llegó a nuestra comunidad, nuestra vida cambió de una forma que no tengo palabras para describirlo, y no solo la nuestra, sino también las de comunidades vecinas, ahora tenemos el líquido en nuestras casas con el cual podemos cocinar, bañarnos, dar de beber a los animales y regar nuestros cultivos. Desde que nos entregaron el sistema, nos hemos encargado de darle un buen uso al recurso”, comenta con emoción Palmar.

Asimismo, Elizabeth Bonivento, profesora de la escuela y vigía del sistema comenta con una sonrisa en su rostro: “Nos sentimos muy agradecidos con este valiosísimo proyecto que no solo beneficia a nuestra comunidad sino también a otros vecinos; algo muy importante que quisiera destacar, es que nosotros fuimos capacitados y orientados para ser nosotros mismos quienes velemos por el cuidado y buen funcionamiento del sistema”.