Agosto 24, 2018

Agosto, un mes para pensar en luchar contra la corrupción

​Por: Patricia Mejía, Oficial de Cumplimiento de Cerrejón

Agosto tiene un significado importante en materia de buenas prácticas de ética y transparencia. Por una parte, el 18 de agosto se celebró el Día Nacional de la Lucha Contra la Corrupción y este próximo domingo 26 de agosto, todos los ciudadanos estamos convocados a votar la Consulta Anticorrupción; iniciativas que nos permiten reflexionar sobre esta problemática que afecta a todas las instancias de nuestra población y para lo cual se requiere un rol activo de la sociedad.

La corrupción es un tema que está presente en todos los países. Es recurrente encontrar en los medios de comunicación noticias que hacen referencia a ella; diversos escándalos de fraude y corrupción están al orden del día. Debemos reconocer que es uno de los mayores desafíos mundiales.

Desde diferentes frentes académicos, empresariales o de opinión, se ha encontrado la vinculación directa de la corrupción como un obstáculo para el desarrollo sostenible, siendo directamente proporcionales los casos de corrupción con el índice de pobreza.

La corrupción puede pasar inicialmente desapercibida y sus efectos pueden no ser evidentes de manera inmediata. Al presentarse un robo de una cartera, un reloj o un objeto de valor, sentimos inmediatamente la pérdida que nos fue ocasionada. A diferencia de esto, cuando se presenta un caso de corrupción, los efectos se percibirán en un tiempo posterior, de mediano o largo plazo, lo que dificulta que entendamos la gravedad del hecho sobre temas que nos impactan directamente y que son tan apremiantes como tener acceso a servicios de salud, agua potable o
educación.

Pensar que la corrupción siempre ha estado presente o que “siempre hemos funcionado así”  y que nada se puede hacer para cambiar la situación, es un sentimiento recurrente que genera una cultura pasiva y conformista. En la medida en que la población reciba mayor educación y acceso a la información, habrá mayor conciencia, la cual una vez adquirida, genera el empoderamiento que lleva al cambio. No se da de la noche a la mañana, pero se va construyendo hasta que se logra.

Por eso, como sector privado, desde Cerrejón estamos comprometidos con la sociedad, buscamos hacer negocios transparentes y promovemos una cultura de cero tolerancia con la corrupción. En este sentido, identificamos la necesidad de construir con todos aquellos que tienen vínculos con nosotros, para mejorar el ambiente de negocio y la forma como estos se hacen, creando conciencia y educando. Cumplimos con estándares internacionales y las normas nacionales, aplicamos en nuestras prácticas empresariales la ética y tenemos clara la importancia de la prevención del fraude, el soborno y la corrupción, las cuales socavan el desarrollo social y económico sostenible.

La buena disposición de la sociedad y la comunidad empresarial en formar parte de la lucha contra la corrupción es de suma importancia, porque si no se actúa en conjunto va a ser más difícil acabar con las malas prácticas. Lo anterior, lleva a pensar que la lucha debe venir desde la conciencia y entendimiento de la existencia del problema, y de la importancia de la educación en los hogares desde la primera infancia hasta las universidades, donde la formación en ética debe ser un tema esencial.

Cuando la cultura y los valores fundamentales de una sociedad no sólo son fuertes, sino que se trabaja en reforzarlos diariamente, cuando los líderes mantienen su palabra y la comunidad se compromete y participa más, aumenta la innovación y el desarrollo.

Lo anterior me lleva a pensar en las enseñanzas de los abuelos y de la cultura wayuu, sobre el valor de la reputación y el cumplimiento de la palabra. La reputación se construye a partir de lo que las personas ven, escuchan, sienten, experimentan y/o aprenden sobre una persona, institución o empresa en el transcurrir del tiempo, y esa experiencia determina cómo será su proceder y expectativas respecto de ella.

Los invito a reflexionar alrededor de este tema. La credibilidad y la integridad deben constituirse en lo que exijamos de nosotros mismos y de nuestro entorno, porque el futuro de nuestros hijos y de nuestra región depende de ello.